En el transcurrir de los días tu ausencia precipita una de las más grandes tristezas. Entrañable hombre de manos grandes, has sabido siempre tomar las nuestras con calidez, has sabido brindarte incondicionalmente con los tuyos, has sabido darnos una mano, como preservarnos dentro de ellas. Rojas manos de hombre de fuego, supiste poseer la filosofía mas cruda y sabia, la del caminar, la del que observa e investiga, y equivocado o no expresabas con segura espontaneidad lo que creías. Bien sabias que a la gente no le gusta escuchar de realidades, y al igual, increíblemente, fuiste multitudinario.
Gran humilde hombre, resulta difícil encasillarte en palabras, con todo lo que siempre fuiste. Segura estoy de que este no es el mejor homenaje, que no resulta ser todo lo merecido, es solo un gesto de amor modesto que tengo al alcance, tan solo un pequeño refugio en el que quiero que permanezcas. He crecido moldeada también por tus formas, llevo hoy orgullosamente una gran parte de tu escencia. Tu honestidad, tu sinceridad, tu fortaleza, tu terquedad son nuestro legado mas visible.
Reiteradas veces creímos sufrir tu perdida, pero nunca nos has preparado verdaderamente a soltar tu mano, es que nunca se esta preparado para despedir a quien se ama. Fiel caminante, abuelo amado, me alivia no haberte visto nunca derrotado, no lo hubieses soportado. Sé entre tantas otras cosas, que supiste también mantener intacta tu imagen, que a tu ego siempre preocupaba. No hubieses podido con la decrepitud, la vida fue justa contigo.
Tu entereza, tu sentido del humor en momentos difíciles, siempre ha sido mi mayor admiración. Detrás de tu presencia firme siempre hubo un hombre hermoso e inmenso. Hombre de piel tersa y suave, hombre de aquellos pocos, sensible, pero justo. Has sabido palpar la lleca de cerca, ha sabido de sus callejones y sus salidas, callejero educador, has sabido ser maestro de quien te escucha, sabio, picaresco de ojos melancólicos y risueños, cuanto dejaste en mi de vos, el gusto a la conversación, el amor a lo antiguo, sinónimo de bueno, el blanco y negro en las fotos de tu barrio que huelen a conventillo y milonga.
Me conforma o más bien algo me consuela, imaginar que vuelan tus sonrisas en partículas de aire de las que te apoderas, que me envuelven en una ráfaga de brisa, con los destellos del sol que me traen tu recuerdo de domingo mañanero que invadieron mi infancia. Vienes con el sol a cuidarme del espacio, vienes a consumar el abrazo eterno de quienes jamás dejaran de amarse.
La Maga.






















